La pregunta recurrente en la mente de todo ser humano o en casi todo es: ¿Quiénes somos? ¿Hacia donde vamos y para que estamos aquí? En resumen nos cuestionamos que es la vida misma, pero rara vez nos ponemos a pensar en que es vivir.
Para mi, parte del arte de vivir, o el arte real, es en primera instancia interactuar concientemente con el medio que nos rodea, generando movimiento y desplazamiento de energía, esto trae cambios que repercuten en nosotros y en el medio. Estos cambios, ubicados en un contexto temporal, son nuestro pasado, presente y generarán nuestro futuro, junto con nuestra memoria, nuestros sueños y nuestra fe. Es simplemente vibrar.
¿Son los sentidos fieles compañeros en este viaje? Ellos también requieren de una cuota de fe. ¿Alguien se cuestiona al dar cada paso, si el peldaño que ve es real? No, simplemente creemos en nuestros sentidos, y aquí surge la pregunta: ¿se puede vivir sin creer en ellos? Yo creo que lo difícil no es creer en los sentidos, sino mantener la esperanza de que el espejismo de la ilusión de vivir, se mantenga eternamente en coherencia. Sin coherencia sobrevendrá la locura.
Los avances de la ciencia hoy nos permiten explicar cosas que en el pasado se atribuían a lo divino, pero nos traen nuevos desafíos. Hoy podemos ver las estrellas más lejanas, las galaxias más remotas, pero también el más diminuto componente del átomo. Los límites son otros y relativos. Ya nada es seguro y la permanencia es escasa.
La física clásica ya no es la única capaz de brindar explicaciones, ahora está la física cuántica con leyes diametralmente opuestas que se manifiestan al traspasar la barrera de lo infinitamente pequeño. El átomo ya es grande, ahora están los quarks que agrupados forman las partículas de materia más conocida en el universo, los protones y los neutrones.
Comencemos por analizar nuestros sentidos a través la física clásica y luego incorporemos los conceptos de la física cuántica para intentar entender este milagro de lo que creemos es vivir.
La vista es un órgano que procesa los fotones que recibimos generados a millones de kilómetros de distancia en ciclos de fusión nuclear dentro del sol. Pero nuestro órgano receptor no percibe todos los fotones, sino solamente una parte de ellos, además el proceso de la visión requiere transmitir la información recibida a través del nervio óptico para que sea interpretado por el cerebro, según los modelos que están almacenados en él, para generar una idea comprensible del mundo que nos rodea.
De forma similar, están limitados el oído, el olfato, el gusto y el tacto. En resumen, no vemos, oímos, olfateamos, gustamos y percibimos a través del tacto todo lo que existe, sino únicamente lo que podemos percibir.
Todos sabemos que ciertos animales, como el perro, tienen más desarrollados ciertos sentidos como el olfato y el oído, otros la vista etc. Esto está dado por la necesidad de tener estos sentidos más desarrollados para sobrevivir mejor en el medio que les ha tocado vivir.
Esto nos hace reflexionar sobre la necesidad de percibir y la capacidad de comprender. ¿Cuál será la relación entre ambas? El perro percibe más, pero comprende menos, el hombre, a la inversa.
No será que en lugar de otorgar acorde a la necesidad de percepción, se limita en función de la capacidad de comprender. Si esto fuera así, es por que no debemos percibir más allá, a pesar de que tenemos la capacidad de comprender. Talvez hayan secretos que aún no se nos puedan develar, pero sin duda creo que será un regalo de la evolución.
Si no lo comprendes, ¿para que evitar que lo veas? si no lo ves, no hay lo que comprender.
Las leyes de la física clásica son básicamente deterministas, las propiedades de los objetos que percibimos a través de nuestros sentidos son claramente definidas y medibles, sus interacciones son fácilmente predecibles según sus leyes.
Por el contrario, la física cuántica nos dice que es imposible determinar las propiedades de las partículas, y por ende de los objetos formados por estas, antes de su observación. Introduce aquí al observador como partícipe y no solamente como receptor.
Una de las características más sobresalientes de la física cuántica es que se basa en la posibilidad de que algo suceda, las propiedades son posibilidades, o potenciales definidas por la función de onda, las que colapsan en propiedades determinadas por la observación y registro conciente del observador.
La observación y la conciencia son las que hacen que el objeto observado tenga propiedades definidas, no podemos percibir las diferentes posibilidades de estas propiedades, sino solamente la más probable de ellas según la distribución de las probabilidades del objeto y nuestros modelos mentales almacenados.
Podríamos decir en resumen que la física clásica es determinista y la cuántica es probabilística. En la física clásica el observador es simplemente receptor de algo predecible, en la cuántica el observador es parte determinante de algo que se puede dar dentro de un rango de probabilidades, pero solamente vemos la más probable.
Este no pretende ser un trabajo sobre física cuántica ni mucho menos, pero ésta nos brinda una gama infinita de nuevas posibilidades de análisis y especulación acerca de la realidad que percibimos. Nuestra realidad, nuestra vida, nuestra forma de vibrar.
La vida es una ilusión inmersa en un mar de posibilidades y solo el que la vive, observa, interactúa, y vibra, puede determinar cual de las posibilidades se materializará como propiedad medible y predecible de lo que podríamos llamar el mundo deseado, conciente o inconcientemente nuestra ilusión depende de nosotros.
El mundo real no es más que la conjunción de los deseos de muchos que vibran manifestando una función de onda que determina cual de las probabilidades que puede adoptar la propiedad de una partícula se materializará. Nada existe si no es observado concientemente. Es más, que objeto tendría algo que no es observado concientemente por nada.
“Nunca dejes de soñar”, hoy le podría agregar, “y tene cuidado, por que tus deseos ya son probablemente una realidad”
¿Cual es la norma que rige esta ilusión de vivir, esta existencia aparente?
Tal ves no exista ninguna norma que controle el ir y venir de nuestros deseos. Las normas son invento de los hombres que necesitan ser llevados como niños por el camino del crecimiento evolutivo.
Si pensamos que la vida es una ilusión, entonces la muerte también lo es. Tal ves los muertos tengan la ilusión de estar vivos. Siempre y cuando los muertos no seamos nosotros.
RoLa.

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